New Congregational Leadership Team receives special blessing

[vc_row][vc_column][vc_column_text]The installation of the new Congregational Leadership Team (CLT) took place on March 31, in the SSpS Generalate in Rome, during the celebration of mass presided by Father Budi Kleden, SVD Superior General and the SVD priests Xavier Thirukudumbam y Bakoma Dadjomgou.

After the homily, Sr. Maria Theresia Hörnerman, in the name of the whole Congregation, welcomed the new leadership team remembering that all the elected sisters have experience in leadership and that this service “can be very enriching and meaningful, giving them opportunities to animate, to enable people, to get things done, to encounter many people and cultures”.

Sr. Maria Theresia mentioned the challenges they will face such as “the environmental crisis, war situations, pandemic, crises in the Church and religious life”, but also the signs of hope “like the call of Pope Francis for a Synodal Journey, greater involvement of lay partners, the Laudato Si Action Platform and collaboration within the Arnoldus Family and between different Congregations and organizations”.

The  new CLT was invited to the front and all those presents were asked to implore the grace of the Holy Spirit for their mission while singing the Veni Creator. Sr. Maria Theresia invited Fr. Budi to bless the oil specially prepared for this occasion, which she said, would be “as a symbol of fruitfulness, healing, gentleness and protection from harm” as well as “the power and grace of the Holy Spirit poured upon Mary and the disciples on Pentecost”.

The outgoing Councilors joined the new CLT, placing their hands on their shoulders while Sr. Maria Theresia blessed each one of the sisters of the New CLT with the oil. Following this, each one received a small container of blessed oil and the words of the former Congregational Leader: “As you have been blessed, may you bless and strengthen others. We invite you to be a healing presence through your leadership service in our Congregation and beyond, following in the footsteps of our Mothers Maria and Josepha”.

Inspired by the Congregational Guidelines approved at the last General Chapter, the New CLT said a prayer of commitment before the Community, surrendering their lives to the Holy Triune God in the service of the Congregation for the next six years. They prayed:

“Triune God, enable us to be sincere in our commitment, patient and respectful as we walk together, daring and creative in our service so that we joyfully collaborate with you, our God of compassion. Make us instruments of transformation in the world.”

The new members of the CLT from left to right: Sisters Mikaelin Bupu, Kreti Sanhueza, Miriam Altenhofen (Congregational Leader), Mariana Camezzana, Tressa Sebastian and Jana Tóthová.

After the celebration of Mass, the SSpS community and the SVDs gathered for dinner and joyfully celebrated with the new CLT.  Sr. Monika Guzmická, on behalf of the Generalate Community, welcomed the new team and thanked the Sisters Maria Theresia, Mary John, Margaret Hansen and Maria Cristina Avalos who completed their extended term of almost eight years because of the pandemic. Each sister from the new and the outgoing CLT received a gift as a sign of gratitude.

The Community thanked the outgoing CLT (from left to right): Sisters Malgaret Hansen, Maria Cristina Ávalos, Mary John, Mikaelin Bupu, Miriam altenhofen and Maria Theresia Hörnerman.

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🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026