Taiwan’s Quiet Lesson in Unity

A Society Shaped by Dialogue

The 2026 SSpS theme, “Unity in Diversity,” finds a living expression in Taiwan. From the perspective of Fu Jen Catholic University (FJCU), where many SSpS Sisters have served across generations, we have witnessed how a multi-ethnic and multi-religious society gradually developed remarkable social harmony. Despite political uncertainty, international isolation, and constant pressure from China, Taiwan has become known not only for economic and democratic achievements, but also for peaceful coexistence among diverse peoples and religions.

Taiwan’s Religious Mosaic

Taiwan’s population reflects a rich mix of Indigenous communities, Hoklo and Hakka groups, post-1949 mainland Chinese migrants, and newer immigrants from Southeast Asia. This diversity is mirrored in its religious life: Buddhism, Taoism, Christianity, Islam, Confucian traditions, and folk religions coexist throughout the island. Temples, churches, mosques, and festivals are woven naturally into daily life.

Christians form only a small minority, yet Catholic institutions have contributed significantly to education, healthcare, and social welfare. Across Taiwan, Catholic schools, universities, and hospitals have become important spaces of collaboration among people of different faiths and cultures.

Fu Jen Catholic University as a Platform for Dialogue

Among Taiwan’s Catholic institutions, Fu Jen Catholic University holds a unique place. With nearly 25,000 students and only a small Catholic population on campus, the university naturally functions as an interfaith environment. Dialogue is central to its mission statement and educational philosophy, shaping relationships across cultures, disciplines, and religions.

Inspired by both Confucian wisdom and Catholic teaching, FJCU promotes what it calls a “culture of dialogue.” This vision is carried forward through the Department of Religious Studies and the Jesuit-operated Faculty of Theology, both of which organize seminars, workshops, and interfaith initiatives that reach beyond the university itself.

SSpS Initiatives for a Culture of Encounter

SSpS Sisters at Fu Jen have recently supported two meaningful initiatives symbolizing the university’s commitment to dialogue. One is the creation of a “Dialogue Circle” near the university chapel, centered on a bronze sculpture portraying Confucius and Jesus in conversation — a symbolic meeting of Eastern and Western wisdom traditions.

The second initiative is the establishment of the Fu Jen Friendship Center during the university’s centenary celebrations in 2025. Located in the sisters’ residence building, the center serves as a welcoming place for alumni, retired faculty, and friends of the university to continue relationships rooted in mutual respect and shared mission.

Friendship Across Religious Traditions

Taiwan offers many examples of how personal friendship can become a force for wider social harmony. One memorable relationship was the lifelong friendship between Jesuit Cardinal Paul Shan and Buddhist Master Hsing Yun, founder of Fo Guang Shan. Their mutual respect eventually led to FJCU awarding an honorary doctorate to Master Hsing Yun during a public ceremony attended by both Buddhist and Catholic communities.

Another significant moment came when Sr. Maryta SSpS received the 2025 Outstanding Award from the Hsing Yun Educational Foundation for her contributions to textile education and Indigenous cultural preservation. Her joyful remark that Cardinal Shan and Master Hsing Yun were “clapping from heaven” captured the spirit of interfaith friendship that continues to flourish in Taiwan.

The Museum of World Religions

An extraordinary example of interfaith cooperation is the Museum of World Religions, founded by Buddhist Master Hsin Tao. Bringing together ten major world religions under one roof, the museum invites visitors into a deeper understanding of humanity’s shared spiritual search. Through exhibitions, dialogue programs, and educational activities, it encourages respect, reflection, and peaceful coexistence.

Many SSpS Sisters regularly encourage students and visitors to experience this unique place. For many young people, it becomes an eye-opening encounter that challenges prejudice and nurtures appreciation for religious diversity.

Everyday Encounters of Harmony

Perhaps the clearest sign of Taiwan’s interfaith spirit is evident in everyday encounters. Recently, Sister Maryta was surprised to see Buddhist nuns and monks helping to transport donated supplies for the students at Fu Jen. What began with smiles and applause soon turned into an invitation for her to visit their monastery and share her life story. These spontaneous moments reveal just how natural cooperation and friendship have become between religious communities.

A Continuing Mission

The experiences shared here represent only a small portion of Taiwan’s interfaith story. Yet they demonstrate how decades of goodwill, dialogue, and shared service can gradually shape a society marked by trust and social harmony. In an increasingly fragmented world, Taiwan quietly offers an example of what “unity in diversity” can look like when people choose encounter over division

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026