South Sudanese Catholic Bishop Announces Plans To Begin Beatification Process of Slain Slovak Missionary

Bishop Alex Lodiong Sakor Eyobo of South Sudan’s Catholic Diocese of Yei has announced plans to begin the beatification process of the late Sr. Veronica Rackova, the Slovak-born member of the Missionary Sisters Servants of the Holy Spirit (SSpS), who was killed in 2016 while serving in the country.

In a video message marking the 10th anniversary of Sr. Veronica’s death, Bishop Lodiong described her as “a martyr” who gave her life in service to the people of South Sudan.

“We know Sr. Veronica gave her life for the people of God in this place,” Bishop Lodiong said in the video recording published by the Diocese of Yei on Thursday, May 21.

The Slovak missionary died at Nairobi Hospital in Kenya on 20 May 2016, after being shot several times by armed soldiers in Yei, South Sudan.

“We believe Sr. Veronica is in the glory of God the Father,” Bishop Lodiong said, adding, “Because of that, as a Church, we want to make it official that it is recognized by all the faithful of the Diocese of Yei and, above all, by all Christians in the world.”

Bishop Lodiong said discussions on a possible cause for beatification had already taken place in Slovakia and involved the Apostolic Nuncio.

“It is why we are starting the process of beatification, which has already been discussed in Slovakia, even through the Nuncio,” he said.

Explaining the initial phase of the process, the South Sudanese Catholic Bishop said, “We begin with the popular faith of the people regarding the individual.”

“The popular faith we have here is that Sr. Veronica is a saint, and she is a martyr for that matter because she was killed,” Bishop Lodiong said, and continued, “We shall gather all of these testimonies as acts of Sr. Veronica in our Diocese through our own Nuncio, the Nuncio of her home country, and the diocese where she comes from.”

While acknowledging the demands involved in the canonization process, the Local Ordinary of Yei Diocese since his Episcopal Consecration in May 2022 expressed commitment to proceed.

“Everything will be gathered and presented to the Holy See for the process to officially begin. It is a little bit difficult, meaning it is demanding, but we will start it,” he said.

According to a 25 May 2016 report, Sr. Veronica had “served in various capacities as SSpS community leader, medical doctor, and Director of St. Bakhita Health Center, Yei.”

In the report, SSpS members are quoted as saying that “Sr. Veronika was a committed, generous, and joyful missionary,” and that her death “is an irreparable loss for us, for her family, and for the people she served, especially in Yei.”

SSpS members also expressed hope that the missionary’s “self-giving” would “herald a new beginning for peace and reconciliation in South Sudan.”

A specialist in tropical diseases, Sr. Veronica was returning to her convent after taking a patient to Harvest Hospital in Yei when the ambulance she was driving for St. Bakhita Health Center came under attack during the night of 15 May 2016. She suffered gunshot wounds to the hip and abdomen and later died in Nairobi at the age of 58.

Nicholas Waigwa, Yei, 22 May, 2026

Source: https://www.aciafrica.org/news/21913/south-sudanese-catholic-bishop-announces-plans-to-begin-beatification-process-of-slain-slovak-missionary

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026