Rome: Sr. Veronika counted among the Modern Matyrs

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Every year the Community of Sant’Egidio organizes a prayer service in honor of modern martyrs. This year it was organized on April 22 with the presence of Pope Francis. Sr. Veronika Racková, SSpS was mentioned during this prayer service among other modern martyrs. On Monday, November 27, 2017 responding to the initiative of the Community of Sant’Egidio, the Congregation together with the members of the Community prepared prayer service in memory of Sr. Veronika. It took place in the Basilica of San’t Bartolomeo all’isola Tiberina (Basilica of St. Bartholomew at the Tiber Island, Rome).  We were pleased to participate in this vigil prayer by leading the prayers and singing.

Before the vigil prayer began Fr. Angelo Romano, the priest-in-charge of the basilica, gave a short historical information about the Basilica San’t Bartolomeo all’isola Tiberina.

The prayer service started at 20:15 with a procession song for martyrs and psalm 33 followed by a reading from Mathew 25:1-13. Fr. Angelo Romano on his brief reflection said, Sr. Veronika is like the wise virgins who took their lamps and went out to meet the bridegroom, Sr. Veronika had done her part, the Merciful God knocked on the door of her life and found Sr. Veronika ready to wake up and serve even at midnight. The lamp of the prudent virgin was on. This lamp was shining even during her struggle for life.  We are sure He helped her to enter eternal joy, following her Bridegroom.

Sr. Veronika was severely injured by gunshots on the night of 16 May 2016 while on her mission in South Sudan and died on 20 May 2016 in a hospital in Kenya.  Sister was a medical doctor. Shortly before being shot she had brought a pregnant woman with complications of childbirth from the clinic where she was admitted to a larger hospital with better facilities.  We thank Sr. Veronika for the testimony of her religious-missionary life. She has given her precious life while she saved the life of a mother and a child.

In a procession joined by Sr. Maria Theresia Hörnemann, Sr. Eleonora Cichon, Sr. Pavla Peštová, Fr. Angelo Romano, and the altar boys, Sr. Carmen Silvero (who worked with Sr. Veronika in South Sudan) brought the Bible and a stethoscope from the main altar to the memorial site for the new martyrs (which was visited last April 2017 by Pope Francis). These “relics” from Sr. Veronika were deposited in the side chapel dedicated to missionary martyrs of Africa.

Before the final blessing, Congregational Leader Sr. Maria Theresia, on behalf of the congregation, expressed gratitude to the Community of Sant’Egidio, the Slovak Ambassadors to Italy and the Holy See, Dr. Pavla Racková (sister of Sr. Veronika), our SVD brothers, and all the religious men and women for their presence and participation in this hour of prayer in commemoration of our dear Sister Veronika.

“It was a great joy for us that Sister Veronika found a place in this church, where she is venerated, in a special way, with other men and women who gave their lives for faith, justice, peace, and truth. And we wish that in this church will be commemorated not only Sister Veronica, but also all those who have lost their lives but whose names are not known, and who do not have anyone to commemorate them.” – Sr. Maria Theresia.

Sister Veronica loved life. She knows how to give witness to life. Life for her was a gift from God. She became a medical missionary to share with others this love for life. She knew that life and work in South Sudan was a major risk. She had, in the full sense of the word, given her life in the service of life.

We pray that the life and death of Sister Veronica be a strong call for our lives and for our apostolic work; and that as Christians of our time, we engage with joy and with all our energies in the life that God continually gives this world. Sr. Maria Theresia said, I’m sure that Sister Veronica helps us on this path with her powerful intercession to God.[/vc_column_text][vc_empty_space][vc_media_grid grid_id=”vc_gid:1512664502802-2c42ef38-bf97-5″ include=”9005,9013,9012,9011,9010,9009,9008,9007,9006,9037,9036,9035,9034,9032,9031,9030,9029,9028,9027,9026,9025,9024,9023,9022,9020,9019,9018,9015,9014,9047,9046,9045,9044,9043,9042,9041,9040,9039,9038″][vc_empty_space][vc_carousel2 images=”9050,9059,9057,9056,9055,9054,9053,9051,9049,9048″ img_size=”600×400″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row]

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026