Resurrection: Jesus Gives Strength to Go on

Faced with the suffering caused by war, natural disasters, the hunger and so many other challenges causing fear and worry, it may seem difficult to experience the joy and hope of Jesus’ Resurrection.

However, the experience of resurrection is part of every human life, who rely on God. You may have experienced this inexplicable power of the resurrection at some time in your life that gave you joy and courage to go on, even when it seemed impossible.

Such is the testimony of Sr. Annabelle Pedraya SSpS who shares her resurrection experience enabling her to recognize her gifts and accept herself as she is. 

An Artist in the Kitchen

Sr. Annabelle is from the Philippines, assigned in charge of Kitchen at the SSpS Generalate, in Rome. Singing has been a natural gift since early childhood from the age of five. She never studied music, but possesses an angelic and enchanting voice, capable of elevating people during liturgical celebrations and recreational moments in the community.

Similar is the way she prepares food, giving it special flavor and taste, especially for festive days. She never studied cooking either, but her skill did not go unnoticed, as she was invited to Rome to take charge of the kitchen. She is happy to share with others the God-given gifts and turn them into prayer and thanksgiving.

For this very reason, she created a YouTube Channel where she posts her songs, some of which are her own compositions. She has already posted more than 100 songs sung by her. To listen to her songs, click the link and please subscribe to her channel.

Experience of Resurrection

In her childhood, Annabelle realized that Jesus was very important to her and made a silent promise to not to miss Holy Mass. As a youngster, she was attracted to a printed phrase in an SSpS vocation poster: “Yes, you! You can make the world alive”. Moved by these words, she came the sisters, studied with them, taught in school by the sisters and then entered the Congregation.

Before taking her first vows, Annabelle recalls that she was often overwhelmed by her difficulties of low self-esteem, compared herself to others, and could not see anything good in herself. Besides, it was difficult to understand that God chose her and she doubted her vocation. So, she decided to ask for a six-month extension of time for her novitiate. It was then that she had a resurrection experience that transformed her.

During a retreat she was invited to meditate on the dry bones (Ezekiel 37: 1-14) and she felt empty, restless and lifeless. Her body was trembling and perspiring. Then she realized that she was not alone: she saw a light within her and heard Jesus telling her – “I came to redeem you”.

She explained: “At that moment I came back to life, I started to move my fingers, I shook the dust off the bones, I stood up and opened my eyes”.

She said, “I am very grateful for this resurrection experience that has really given me life.  I have fallen down and my bones were crushed. But this experience guided me and gives strength to bear the pain and face many challenges.  It is Jesus who redeemed me and picked me up. I can say ‘I have seen the Lord!’ – because that day I had the joy of meeting the Risen One and He raised me up!”

Passion for Mission

Sr Annabelle recalls the phrase “Yes, you can make the world alive” . She shares about her many joys in missionary life with the various groups she has worked with, especially the youth, choral groups and indigenous people in the mountains… and she adds that discovering her gifts and being able to share them is her way of making the world alive and this gives her true joy.

Her dream of becoming a missionary sister is realized. Now she is dreaming of becoming a singer, and her thoughts are toward moving into mission in other cultures.  She started learning Spanish and hopes to be sent to a Spanish-speaking Country after her term of service in Rome.

Meanwhile, she continues to sharpen her senses to give flavor to what she cooks, her ears to music, her eyes to beauty, and to develop creativity, bringing more life to everything she does.

 

By Sr. Ana Elidia Neves, SSpS

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026