Question and Answer with Sr. Genobeba Amaral on the Safeguarding Course

When did the Safeguarding Course at the Gregorian University begin and end?

It began on October 01, 2025 and ended on February 06, 2026

What is the complete, official title of the program you attended?

Diploma in Safeguarding 

Who is the official organizer of this program?

 Institute of Anthropology Pontifical Gregorian University  and the program coordinator is Fr. Hans Zollner SJ

Given your background from Timor, what motivated you to join this course, and what outcomes were you hoping for?

First of all, because of my ministry background as a human rights worker through VIVAT International Indonesia Mission, I mostly worked with marginalized people—namely women, children, and the poor. In general, the SSpS mission in Indonesia, especially in Timor Province, works with vulnerable groups such as children, women, and victims through schools, dormitories, pastoral ministry/care, and social workers (JPIC, Women and Children Care Forum-FPPA). I was hoping safeguarding would help me and the sisters in Indonesia better protect vulnerable people, especially women, children, and the poor. I wanted to strengthen my ability to recognize risks, respond appropriately to concerns, and ensure safe environments in our ministries. Ultimately, the goal was to promote dignity, safety, and a strong culture of care and protection

How many participants attended? Was it inter-congregational? Coming from what continents? Did it include lay, religious, and clergy? What was the gender (male and female) balance?

At the beginning we were 18 participants, but due to visa problems, only 15 remained until the course finished. Participants came from four continents: Asia, Africa, America, and Europe. The group included 3 lay persons, 7 religious (2 brothers and 5 sisters), and 5 clergy. The gender balance: 2 brothers (male), 5 sisters (female), 5 clergy (presumably male), and 3 lay persons.

Which specific module or topic had the most significant effect on you personally, and what made it so powerful?

For me, student-centered learning was the most significant module because this method emphasizes participants’ direct involvement through discussion, sharing experiences, case studies, personal and group work, and presentations, so that participants truly know and understand the material.

⃣⃣Was the course in-person or online? What methods were used? 

The following methods were used: 

The following methods were used: speakers giving input (lectures, keynote addresses, expert panels); group dynamics (team-building exercises, role-plays, simulated scenarios); research and reporting (individual or group research projects, case study analysis, presentations); retreats and reflective days (silent retreat, guided prayer, spiritual accompaniment sessions); small group discussions and peer sharing (participants share experiences from their own congregations or countries); workshops (practical training on listening protocols, documentation, reporting procedures); self-assessment and personal development plans (participants map their learning to their future role); Q&A sessions with survivors (direct testimony from abuse survivors, handled with care protocols); simulation exercises (mock canonical trial, mock formation interview, mock safeguarding complaint process); reading and document review (analysis of Church documents, UISG guidelines, safeguarding manuals); online synchronous sessions (if hybrid: Zoom lectures, breakout rooms, virtual whiteboards); and journaling and reflective writing (daily learning logs, guided prompts for personal integration).

Would you recommend this program/ course to other formators? 

Yes, I highly recommend this program to other formators. Because every SSpS member needs safeguarding to protect ourselves and to protect the vulnerable ones in our missions or institutions, so that each SSpS member is protected from perpetrators of violence in various forms.

What is the most important change you believe this course will bring to your safeguarding work back in Timor?

The most important change this course will bring to my safeguarding work back in Timor is that I am now aware that everyone is vulnerable to being either a victim or a perpetrator, so I must always be aware of my own strengths and weaknesses and not misuse them. I am also aware that in religious life and in the institutes that belong to the Church or religious organizations, there are acts of violence—both physical and mental. It is time for us (the Church and religious communities) to be more careful with our words and actions so as not to hurt our members and the people we serve in our apostolate and mission.

 Sr. Genobeba Da Costa Amaral, SSpS

 Timor Province

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026