PENTECOST NOVENA – DAY TWO

Growing Deeper into Intimacy with the Triune God

Hymn: Awake is the Call (Lyrics)

Awake is the call of the One who is wakefulness
Waken me, O God, into your wakefulness
/Every fiber of my being awake, awake to God’s call/ 2x

1. Those who are thirsty, let them come to me
/Those who have faith in me drink abundantly/ 2x
There shall flow living water out from believing hearts
/Every fiber of my being awake, awake to God’s call/ 2x

2. Those who are lonely, let them come to me
/Those who are without friends, come and be with me/ 2x
You shall find me at your side, leading you to life and love
/Every fiber of my being awake, awake to God’s call/ 2x

3. You who are precious in the eyes of God
/You who are dearly loved by our God Most High/ 2x
He shall set you like a light in the kingdom of His Son
/Every fiber of my being awake, awake to God’s call/ 2x

Opening Prayer

The Spirit of God is hovering over the universe, forming, creating, and giving life and energy.

You are the God of eternal wakefulness, and we are in your presence.

We are here with humility and reverence, aware of your infinite power and love.

We offer our prayers for all of humanity, the universal church,
our congregation, the provinces/regions, communities, each of us the members of our congregation, our lay collaborators and partners in mission, our families, and Mother Earth.

We ask you to fill our hearts with your life-giving breath to guide us. We are unworthy yet grateful for your boundless mercy.

May Your presence be with us always so that we may never be separated from You or humanity in need.

Please lead us towards the Father and the Son, and help us to serve and glorify the Holy Triune God. Amen.

Introduction from Scripture

 

“Those who love me will keep my word, and my Father will love them, and we will come to them and make our home with them” (Jn 14: 23).

The Trinitarian God revealed through Jesus’ words, resides within our hearts when we accept Him as the one true God of humanity, as revealed to Moses and the patriarchs.

St. Arnold Janssen wrote in the ‘Little Messenger of the Sacred Heart’ in 1874: 

“The mutual unity of the persons in the Holy Trinity is closer than the unity between the divinity and humanity of Jesus. The Father and the Holy Spirit are where the Son is, even though only the Son in his personhood is united to the humanity of Jesus. Thus, the whole Trinity resides in the Heart of Jesus – the omnipotence of the Eternal Father, the wisdom and beauty of the Eternal Word, the eternally generous love and wealth of the Holy Spirit.” 

May the Lord grant us the grace to live our motto: May the Holy Triune God live in our hearts and the hearts of all! 

Moment of Silent Prayer

Silently repeat our motto, asking the Blessed Trinity to especially touch the hearts of those most in need of his presence.

Reflection

  • Let us pause for a while to enter into the mystery of the Trinity- Father, Son, and Holy Spirit.
  • How do I feel embraced and welcomed in the love of the Trinity?

Moment of Sharing

Recall and share some of your life-giving experiences of being enveloped by God, the Holy Trinity.

 

Closing Prayer

God, Holy Spirit, sustainer of the universe,
You are the God of assurance and strength.
The Good News we listened to has created
ripples of Your grace in our souls.

We believe You bring new life and transform us
into people who listen, observe, care,
and move toward those in need, the deprived, and the lonely.

May the Father’s ever-watchful and unsleeping eyes,
Jesus’s burning heart, and Your presence, O Holy Spirit, remain with us.
We give thanks, praise, glory, and honor to You, O Holy Triune God,
for Your unconditional acceptance of us, Your children. Amen.

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026