Our Presence in the America’s Heartland – Paraguay

On our missionary journey, we are invited to go to South America and get to know our sisters and their missionary presence in Paraguay. Let us accompany them in their joys and challenges and discover the richness and variety of their mission.

Our First Arrival in these Colorful Lands

The origin of our presence in Paraguay takes us back to the dawn of the 20th century. On a beautiful afternoon of August 30, 1920, our first Sisters arrived in the country. The Sisters worked hard with the SVD in favor of the indigenous people: Mbya Guaraní.


After three years of tireless dedication, the Sisters retired from this mission. This occurred shortly after the death of Sister Betha Fischer, who lives until today in the memory and hearts of some of the people in this place.

Second Arrival in Paraguay

The SSpS returned again in 1952, at the invitation of the Missionaries of the Divine Word. They collaborated in the pastoral ministries of the local Church, especially in the educational area, in San Blas School, Obligado, Itapúa. From this place other communities were then opened.

Our Goals as a Province for the Coming Years

“Enter the “Dance of the Trinity” to be instruments of humanization and transformation in the Province and, creatively and boldly unite in following “Jesus, who was incarnated out of love and compassion.” (Mc 6, 34) – (Mc 8, 1-2).

(Provincial Plan – 2023-2028)

Our presence in this land of hopes extends to the following points of the country:

 

Current News of the SSpS in Paraguay

Our Lady of the Incarnation Community (1963):

The task today is projected towards areas such as: missionary animation of children and young people, parish ministry in the peripheries, accompaniment of young people from the Fazenda da Esperanca, professional training of some Sisters, and welcoming young people with vocational concerns.

 

Colegio Espíritu Santo de Mallorquín (1968):

From the beginning, this House of Studies has opened its doors to young people from all over the country. It is a leading institution within the Alto Paraná Department. It offers education from Kindergarten to high school.

Provincial House (1974):

The SSpS Religious Province of Paraguay was founded on December 8, 1980 and, since then, Asunción has been the headquarters of the Servants of the Holy Spirit in Paraguay. The provincial house welcomes all the Sisters as they pass through Asunción, cares for the sick and elderly and tries to create a favorable space for the formation of the Sisters.

 

Holy Spirit Indigenous Mission (1977):

The SSpS fight with great hope so that indigenous people will be recognized and respected in their dignity as Children of God, through the strengthening of ethno-education, ethnomedicine, ethno-development, the rescue and assurance of their traditional habitat , interreligious dialogue, etc.

 

Escuela and Colegio Espíritu Santo de Pirapó (1979):

It is located in a Japanese colony. In recent years it has taken an important step, opening secondary education, and in this way, completing all levels of education.

 

Holy Spirit Retreat House (1986):

It is considered an ideal place for an encounter with God. The numerous groups that preferably arrive on weekends, perceive the environment as a haven of peace and harmony with nature. The Sisters are dedicated to offering the best possible service.

 

Colegio Espíritu Santo de María Auxiliadora (1987):

Today it continues to grow in structure and the number of students, now offering all levels of education. Work with the laity is a great strength.

 

Nararet House – Novitiate (1999):

Since its opening the community has been marked by the internationality that is characteristic of the Congregation. Since 2010 it has been the headquarters of the PANAM Novitiate.

Holy Spirit Rural Mission (2010):

The mission was opened with the goal of accompanying the Paraguayan farming people in the northern part of the country, specifically in Yrybucua, Department of San Pedro. The sisters are dedicated to the parish and all its activities, They visit the chapels far from the urban center and the families who are most in need.

Our Joys

Our Challenges

Crossing Other Borders

Presence in the creation of an intercongregational community. Sister Lucy Acevedo, SSpS, together with two other Sisters, from other congregations, and an SVD priest, make up this community created by the Conference of Religious of Paraguay. The community is based in Bahía Negra, Department of Alto Paraguay.

Prepared by Sr. Liz Valdez – Province of Paraguay

 

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026