Nurturing Hearts and Minds in a Catholic University in Taiwan

Transformations have occurred since a psycho-spiritual formation program for teachers was started by Sr. Felisa in 2020. In this program, groups meet weekly to share their previous week’s experiences alongside scripture passages. Participants bring a symbol representing their journey. Through these gatherings, they experience mutual support and Jesus’ love.

Education transcends mere knowledge acquisition, Sr. Felisa Liou, SSpS, acknowledges.

Inspired by the words of Irish writer William Butler Yeats that “Education is not the filling of a pail, but the lighting of a fire,” Sr. Felisa embarked on a transformative journey at Fu Jen Catholic University in Taiwan.

Understanding that inner fire is essential for effective teaching, Sr. Felisa initiated a psycho-spiritual formation program for teachers, particularly those with administrative roles. Her approach blends psychological insights with spiritual depth.

Through this program, professors and leaders delve into deep experiences of love, connecting with their inner selves and the wellspring of life and love. As their inner flames ignite, they become torchbearers, passing on this radiant fire to their students and colleagues.

Sr. Felisa’s legacy embodies the belief that nurturing hearts and minds is the true essence of education—a flame that kindles not only knowledge but also compassion, wisdom, and transformative power.

Sharing Groups

About four years ago, the Life-Metaphor-Scripture sharing groups were formed. These groups meet weekly, where participants share their life experiences from the previous week, alongside relevant Scripture passages. Each person brings a symbol representing their journey. Through these gatherings, they experience mutual support and Jesus’ love.

From these groups, remarkable transformations have occurred. One former Dean was baptized Catholic last Easter. Three more individuals are preparing for baptism. Their shared moments of faith, symbol, and Scripture ignite a fire within, drawing hearts closer to God.

The newly baptized and those about to be baptized have begun to share their testimony of how Jesus has changed them. Their testimonies best describe the meaning of “life influencing life and love generating love.”

Fu Jen University, a Catholic institution, stands as a vibrant academic community. With about 26,000 students, 2,020 faculty members, and 566 staff, it encompasses a diverse tapestry of people.

Vineyard of Hope

However, the proportion of Catholic-identified faculty remains at 3%, while the staff members who share this faith constitute 11%. Among the student body, only 1.5% identify themselves as Catholic.

Despite these numbers, Fu Jen remains a vineyard of hope, awaiting cultivation. Its potential lies not only in statistics but in the hearts and minds of those who walk its halls—a place where faith, knowledge, and growth intertwine.

Since last year, there have been attempts to hold a two-day weekend individual guided retreat for faculty and staff once a month. So far, five sessions have been held, with four to six participants each time.

During the retreats, through reading relevant Gospel passages, meditation, quiet prayer, and spiritual dialogue, individuals were able to reorganize themselves, and foster greater trust and surrender to God. Participants inspire each other with moving moments, creating an atmosphere where the Holy Spirit can freely work within.

Rejuvenation

Colleagues who participated in the retreats found not only physical and mental rejuvenation but also profound spiritual experiences of God’s unconditional acceptance and love.

“The retreat gave me the courage to face and change myself, to continue exploring, and to surrender,” one participant said.

“The retreat allowed me to vividly and deeply experience God’s presence, Jesus’ friendship, and the Holy Spirit’s love,” another said.

For me, it has been a privileged opportunity to accompany and listen to these retreat participants’ stories of their encounters with God. Through their experiences, I witness the profound impact of life influencing life and love generating love.

Seeds of Hope

Fu Jen University where knowledge and faith intersect, seeds of hope are sown. The stories of transformation, shared vulnerability, and encounters with the Divine continue to echo through its halls. As the sun sets on each day, it illuminates not just the campus but also the hearts of those who walk its paths.

Fu Jen remains a vineyard—a sacred ground—where souls are tended, fires are kindled, and love is cultivated. May this journey of education, compassion, and self-discovery ripple outward, touching lives far beyond its walls.

 

Sr. Felisa Liou, SSpS – Taiwan Region

WSSS

Audience of the sharing of conversion stories, including Archbishop of Taipei John Hung.

 

Gathering of the group members of  “Life metaphor Scripture.”

 

Sharing of Cris. the former Dean of the College of Human Ecology, on her Catholic conversion stories.

 

Sharing of Frances the former Dean of the University Research Office on her personal encounters with Jesus.

 

Four persons participated in this retreat.

 

This retreat had five participants.

 

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026