Mission in the time of war

[vc_row][vc_column][vc_column_text]The war has been going on in Ukraine for 3 months now, the time of Russia’s full-scale invasion into our country. Some 900 children have been affected by Russia’s armed aggression in Ukraine. 234 children have been killed and 667 children have been injured. The figures are not final, as there is constant work of collecting the data going on in the places of active hostilities, in the temporarily occupied and liberated territories. There is continuous shelling in the Donetsk and Luhansk regions and the region of Zaporizhzhia.

Hundreds of civilians and wounded soldiers are in need of immediate evacuation. The occupants are forcibly deporting Ukrainians to the East. There are new mass graves with  civilians buried in them being discovered near Mariupol. There are also many cases of civilian abductions. The whole world remembers the horrors in Bucha and other cities liberated from the occupants, where mass killings and torture of civilian Ukrainians have been recorded.

This war has changed our life drastically.

New realities, new challenges, new needs, in which the Risen Christ is present and together with the Ukrainian people is fighting for the Truth.

During the war, our community of Missionary Sisters Servants of the Holy Spirit was given hospitality by the Franciscan brothers in the village of Matskivtsi.  Now we are living and serving in the Sanctuary of Our Lady of Fatima. Here, together with the brothers, we have developed several activities to serve those who need help most.

In the first weeks of the war, here in the convent we organized a night shelter for the people who were fleeing from bombing and shooting. Various groups of people fleeing the cities with active hostilities stopped here to eat, bathe, and rest before continuing their journey. Since then, the flow of internally displaced people has decreased significantly, so now we have set up a small humanitarian aid center here.

We began to bring and receive clothes, food, and medicine from other communities in Poland, Germany, and Romania, and from various benefactors. Many of the  people presently living in Matskivtsi and in the neighboring villages are from Mariupol, Kharkiv, Makarov, Kyiv, etc.  Most of them saw all the horrors of the war with their own eyes. They left their houses and fled, without having time to collect their suitcases, so they need basic personal hygiene items, clothes, medicines food, sweets and diapers for children. We help them by providing the most necessary things.

The medicines we receive are transferred to the front line, as well as to the military hospitals. We are looking for sponsors to purchase the necessary items for the military as well as the medical equipment for the hospitals. This is a very important area of our activity today.

In this difficult time, we continue to live and keep our faith! The Lord is with us! On the bright day of Easter, we shared our joy with the wounded soldiers in the hospital. Local people prepared Easter baskets for the soldiers who are being treated in the city of Khmelnytsky. We also collected delicious packages for internally displaced children in the Khmelnytsky region.

The war is affecting the lives of all the children: those who saw it with their own eyes in Kharkiv, Mariupol, Kramatorsk, Kherson, Mykolayiv, and those who live here in Western Ukraine, where there are no active hostilities, but where air signal alarms or the noises of military airplanes are often heard. For us, working with local children is very important so as  to “pull” this war out of their bright and innocent hearts.

 

 

 

 

 

 

 

Thus, as before the war, we continue catechesis lessons, and organize creative workshops (painting Easter eggs, creating handicrafts), and active games. Prayer is also important in our work with the children. We pray for peace in Ukraine and in the whole world, for the conversion of hearts, for enemies, so that this war does not destroy our hearts, which are a place of love and joy.

 

The war has invaded our lives and changed us forever. But we know that “He who knows what it is to suffer “(Is. 53:3) accompanies us. “Therefore, having suffered and been tested, He can help those who are going through trials” (Heb 2:18)

We Ukrainians live in this difficult time with faith and unceasing prayer! And we ask for your prayerful support!

Maria Luba – postulant SSpS – Province of Ukraine  

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🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026