Many tributes and emotion marked the farewell mass for the sisters after 38 years in Jaru

A Holy Mass held on August 2, 2026, at the São João Batista Parish, in Jaru, marked the farewell of the Missionary Sisters Servants of the Holy Spirit (SSpS) after 38 years of evangelization services in Jaru.

The celebration was presided over by the Bishop of the Diocese of Ji-Paraná, Dom Norbert Foerster, along with the parish priest Pedro Paulo Costa, the vicar from Jaru, Edivan Oliveira Sidou, and the visiting priests Divino Raimundo from the Parish of Our Lady Help of Christians in Rondolândia, Mato Grosso; Antônio Hammes, popularly known as Father Toninho, from the Parish of Our Lady of Fatima in Ji-Paraná; José Carlos da Cruz from the Minor Seminary of Our Lady Queen of the Apostles in Ji-Paraná; and Edson Castro from the Parish of Saint Lucy in the municipality of Santa Luzia.

The two most recent nuns serving at the São João Batista Parish in Jaru, Sister Nilva Moro and Sister Helena Accadrolli, were deeply moved by the tributes paid to them during the celebration.

According to Sister Maria de Fátima Kapp, Provincial Coordinator of the Missionary Congregation of the Servants of the Holy Spirit, from Ponta Grossa in Paraná, responding to the appeals from the Amazon region in Northern Brazil during the development of the CNBB’s Missionary Project: “Sister Churches,” it was decided, after reflection and research at a Provincial Assembly, to close educational activities in two schools, to free up Sisters for missions on the frontiers and to hear the cry of the poor.

At the time, the late Bishop Dom Antônio Possamai requested the Provincial Superior, Sister Agada Brand (of blessed memory), and her Council, to found a community in the Diocese of Ji-Paraná.

“To clarify our discernment as a Province and to allow a greater number of sisters to have contact with the Amazonian reality, we embraced the possibility of a vacation mission with the Junior Sisters and other sisters who were able and wished to participate. More than 30 Sisters participated in that vacation mission in the Diocese of Ji-Paraná, including formators. The purpose was also to define the location (Parish) where we would undertake one or more foundations. Based on this strong experience in the Amazon, it was decided to open two communities, with some geographical proximity: Jaru and Projeto Urupá, in the Diocese of Ji-Paraná in Rondônia. These were started in February 1988,” declared Sister Fátima, explaining that the Sisters arrived in Jaru on February 8, 1988, and immediately afterwards went to Urupá. “It wasn’t long before the idea of ​​a third community arose, in the near future, which would be in the city of Vilhena. The founding of the Missionary Community in Vilhena was on February 18, 1990,” emphasized Sister Fátima, who also said that the priority of the missionaries’ service in the three communities in Rondônia was the formation of leaders, visits to communities in urban and rural areas, coordination and advice in socio-missionary-pastoral areas in accordance with the team of agents (priests and nuns) and following the guidelines of the diocese. There are some peculiar characteristics of each parish.

“Considering the vitality and conditions of these parishes to continue their missionary-pastoral journey, and in view of our missionary itinerancy, the numerical decrease of sisters, and few new vocations, we have discerned once again and decided to end our activities in the Diocese of Ji-Paraná,” Sister Fátima informed.

In Urupá, the sisters concluded their activities in December 2010, and in the city of Vilhena, in December 2012. Now it was Jaru’s turn to say goodbye. During these almost four decades, 38 sisters served in the municipality. “This step is taken after much prayer, discernment, and dialogue. We have seen that the seed sown in the fertile Amazonian soil has germinated, grown, and is bearing abundant fruit. We are grateful to the One and Triune God for His loving presence, to Bishops Dom Antônio Possamai, Dom Bruno Pedron, and Dom Norberto Foerster, to the parish priests, leaders, and all the people of God in these parishes, with our gratitude and recognition, and prayers,” concluded Sister Fátima.

After the celebration, several tributes were paid to sisters Nilva, Helena, and Fátima, and a grand lunch was served to all those present in the Catechetical Hall.

Source: Anoticiamais

https://anoticiamais.com.br/muitas-homenagens-e-emocao-na-missa-de-despedida-das-irmas-apos-38-anos-em-jaru/

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026