In Communion with the Victims of Alcohol and Drugs

Day 4 – Christmas Novena

O Root of Jesse, you stand as a sign for the peoples; before you kings shall keep silence and to you all nations shall have recourse.  Come, save us, and do not delay.

Today’s world offers to the modern person a very fast pace of life. It is not always easy to cope with the demands of modern life. People do not succeed in family relationships, community and at work.  They put many demands on each other. So often, a person, especially a young one, flees into the world of alcohol, drugs and other addictions.

Entering the path of substance abuse, especially alcohol and drug abuse – is not only an escape from life. It is also the result of too much self-focus, only on their own experiences, on finding a rapid improvement of mood in the face of anxiety and hardships of life.

When one enters the path of addiction, she/he becomes increasingly helpless in the face of his/her own weakness and calls louder with its erroneous behaviour, which is a cry for help. But those who love them, do not always understand their cry.  They cannot act quickly and come to the rescue, as did Mary to Elizabeth.

 

STORY

Emily comes from a family with many children. As a small child she experienced violence, abuse, loneliness. At the age of 11 she and her friend started taking drugs and occasionally got drunk to unconsciousness. Emily went through: undercutting, jumping from high floors, accidents, broken legs, arms, ribs and pelvis. She was in different centres and reformatory homes, from which, she successfully escaped.

The change in her life came when she completed 19 years of age. While staying at the center for addicts she realized that she is pregnant in the second month. Thoughts of the child began to dominate her life. She wanted to give a birth. In the complex center there was rigor, but they were allowed to read. Everyone could benefit from talking with a priest. There was access to the chapel and the sacraments. Eventually, Emily asked for a Bible. She began a regular prayer. Slowly, God began to guide her life and she felt better. The child developed well. In the end, she gave birth to a pretty, healthy girl!

Today, she trusts God because despite all the difficult moments she survived.  She realized that He still cares for her.  She experienced God’s miracles in her life.  God rescued her from situations where she brushed with death, and set on her way people who helped and supported her and are still supporting her until now. She prays and thanks God everyday of her life!

 

PRAYER:

Let us pray for the people enslaved by alcohol, drugs and other addictions, that through the word of God they find the strength to fight for freedom, overcome their addictions and live in sobriety and joy.

Let us pray for the people who had lost their sense of life, as a result of abuse of alcohol and drugs. May a particular grace, love of God and support from other people, help them to discover the true meaning of life and liberate them from the sinful attachments, so they can enjoy their families and the community of the Church.

Let us pray for the families and friends of those who are addicted to alcohol and drugs, that they find comfort in people who are supporting them in any way.

Loving God, we ask you to liberate people addicted to drugs, alcohol, cigarettes and all kinds of addiction. Let them desire to reject the temptation of using them again. We know that by their own strength, they cannot break from the acquired habits: heal them, clean their intentions, and strengthen the weak-willed. Free them from the effects that these addictions caused. Support them in their desire to live in inner freedom. Help them overcome the power of body tensions and wrong desires. Fill them with the power of God’s Word in Scriptures and embrace them with your love flowing from the Eucharist. We believe that with your grace they will become a people not only free but also devoted to your service.  Amen.

Click here for the complete text of Christmas Novena 2016 (in different languages).

 

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026