of the Holy Spirit
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🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés
ÂżAlguna vez has vivido una primavera en Roma?Â
Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.
Un tierno verde aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.
¡Cada año se siente como un milagro!
Y podrĂamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
Âżcuál es esta energĂa escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?
Hildegarda de Bingen la llamĂł viriditas:
el poder de reverdecer, la energĂa vital y creadora de Dios.
Es la energĂa divina que fluye a travĂ©s de toda la creaciĂłn,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.
Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.
Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. LĂderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo Ăşnico programa parece ser: yo y mi paĂs primero. Es como si estuviĂ©ramos retrocediendo a algo que creĂamos ya haber superado.
A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lecciĂłn.
Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a travĂ©s del derecho internacional, la igualdad soberana y la resoluciĂłn pacĂfica de los conflictos, con Ă©nfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.
¡Sin duda, este fue un movimiento del EspĂritu Santo!
Hoy, sin embargo, en el ámbito polĂtico, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.
TambiĂ©n nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difĂciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarizaciĂłn, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.
Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzĂł su voz. Ella advertĂa que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:
“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austrĂacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”
¡Qué visión profética!
Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.
Esta es la obra del EspĂritu Santo.
El EspĂritu Santo está presente allĂ donde se superan los egoĂsmos nacionales.
El EspĂritu Santo actĂşa allĂ donde los corazones son transformados.
Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo querĂa vivir y morir como chino, sino tambiĂ©n ser chino en el cielo.
Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devociĂłn al EspĂritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendiĂł que el EspĂritu transforma el corazĂłn humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.
TambiĂ©n nuestro Fundador pasĂł por una transformaciĂłn: de una racionalidad más bien frĂa a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.
San Arnoldo Janssen veĂa al EspĂritu Santo profundamente unido a la SantĂsima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en JesĂşs, especialmente en su CorazĂłn. Desde allĂ, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.
El EspĂritu Santo es una energĂa poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.
ÂżY hoy?
ÂżDĂłnde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acciĂłn?
Lo vemos…
¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!
Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.
El mismo EspĂritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo EspĂritu que llenĂł de valentĂa a los discĂpulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.
Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
ÂżDĂłnde me está invitando el EspĂritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?
Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.
Que permitamos al EspĂritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.
Y que el EspĂritu de PentecostĂ©s
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.
Â
Hna. Miriam Althenhofen, SSpS
Pentecostés de 2026