En su misión a Sudán del Sur, las hermanas Benigilda Ladia, Kavita Paulose y Josepha Sun, acompañadas por el Equipo de Liderazgo Regional, fueron calidamente recibidas por la Diócesis de Yei después de una larga ausencia. Con renovada dedicación, su objetivo es servir a la comunidad con compasión y solidaridad en medio de los desafíos actuales.

«Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra sagrada».

Estas palabras fueron la invitación de Dios a las hermanas Benigilda Ladia, Kavita Paulose y Josepha Sun (Zhihui Sun) durante su jornada de integración comunitaria, intercambio y planificación del 27 de agosto de 2024, en la Casa Regional de Addis Abeba. Ellas reflexionaron sobre el significado de las “sandalias” que fueron invitados a quitarse al entrar en la tierra sagrada de Sudán del Sur, así como sobre sus esperanzas y sueños para ellas mismos, para su comunidad y su misión. Juntas, compartieron acerca de la fidelidad de Dios en medio de sus miedos, dudas y preguntas que surgen al emprender este viaje.

El 1 de septiembre de 2024, las tres hermanas, acompañadas por la Hna. Judyta Ligieza, SSpS, y Hna. Marian Herrera, SSpS, del Equipo de Liderazgo Regional, viajaron a Juba. Al día siguiente volaron a Yei. A su llegada, fueron recibidas con mucho entusiasmo, con oraciones y cantos por Su Excelencia el Obispo Alex Lodiong Sakor Eyobo de la Diócesis de Yei, el P. Emmanuel Lodongo Sebit, canciller, junto con sacerdotes y laicos. Las hermanas estaban encantadas de llegar finalmente a Yei y ver la casa que había quedado atrás desde julio de 2016. Agradecieron profundamente que, a pesar del paso del tiempo, todo se hubiera mantenido intacto. Aunque se necesitaron algunas renovaciones, la casa estaba bien mantenida.

Esa noche, el Obispo organizó un programa de bienvenida para las hermanas, al que asistieron todos los sacerdotes de la Diócesis y otros laicos. Expresó su gratitud a las hermanas y a la Congregación por su decisión de regresar, aunque la paz en la región aún no se ha restablecido plenamente. Hna. Judyta, hablando en nombre de la Congregación, agradeció al Obispo por darles la bienvenida nuevamente a la Diócesis. También compartió cómo, a pesar de la guerra civil, las hermanas nunca habían abandonado por completo al pueblo de Sudán del Sur. Continuaron acompañándolos en Uganda, particularmente en el campo de refugiados de Bidibidi, donde muchos sursudaneses habían buscado refugio.

El 8 de septiembre de 2024, el obispo Alex, oficialmente, presentó a las hermanas a la comunidad durante la misa en la Catedral de Cristo Rey. El obispo animó a los feligreses a apoyar a las hermanas que habían regresado por su bien.

Dos días después, el 10 de septiembre de 2024, el obispo Alex y algunos sacerdotes celebraron una misa conmemorativa en la tumba de la difunta hermana Veronika Teresa Racková, SSpS, en Luthaya. Las hermanas, junto a algunos fieles, se sumaron a la celebración. El obispo compartió las ultimas informaciones sobre el caso judicial en curso acerca la muerte de la hermana Veronika, y señaló que la Iglesia esperaba el pronunciamiento final del juez. Después de la Misa, las hermanas se reunieron alrededor de la tumba de la Hna. Veronika y, en oración, expresaron que habían regresado, asegurándole que ya no estaba sola en Sudán del Sur.

Esa tarde se celebró un ágape de bienvenida en casa de las Hermanas, al que asistieron el Obispo, el clero y los laicos de la parroquia. Durante la reunión, se anunció que la Hna. Kavita y la Hna. Josepha trabajarían en el Centro de Salud Santa Bakhita, mientras que la Hna. Benigilda se centraría en el desarrollo de capacidades para los agentes pastorales de la Diócesis.

Sigamos acompañando a nuestras hermanas con nuestras oraciones y apoyo mientras establecen su comunidad en Yei y representan a la Congregación, compartiendo vida y misión con los sursudaneses.

Hna. Marian Herrera, SSpS
Región de Etiopía

Las tres hermanas en el aeropuerto de Juba mientras esperan su vuelo.

Las hermanas se reunieron frente a la tumba de la hermana Verónica después de la misa conmemorativa en Luthaya.

Hermanas, con el chofer de Juba, mientras esperan su vuelo.

Hermanas preparando sus maletas un día antes de partir.

El obispo Alex invitó a las hermanas a participar en un ágape en la Curia para darles la bienvenida por su regreso a la diócesis. Todo el clero estuvo presente.

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026