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NOVENA DE PENTECOSTÉS – TERCER DÍA

He oído el clamor de mi pueblo

 

Himno: Despierta es el llamado (letra)

Despierta es el llamado de Aquel que es vigilia
Despiértame, oh Dios, en tu vigilia
/Toda fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

Los que tengan sed, que vengan a mí
/Los que tienen fe en mí, beban en abundancia/ 2x
Brotará agua viva de los corazones creyentes
/Cada fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

Aquellos que están solos, que vengan a mí
/Los que estén sin amigos, que vengan y estén conmigo/ 2x
Me encontrarás a tu lado, guiándote hacia la vida y el amor
/Cada fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

Ustedes que son preciosos a los ojos de Dios
/Ustedes que son muy amados por nuestro Dios Altísimo/ 2x
Él te pondrá como una luz en el reino de Su Hijo
/Cada fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

 

Oración de apertura

El Espíritu de Dios se cierne sobre el universo, formando, creando y dando vida y energía.

Tú eres el Dios de la vigilia eterna, y nosotros estamos en tu presencia.

Estamos aquí con humildad y reverencia, conscientes de tu infinito poder y amor.

Ofrecemos nuestras oraciones por toda la humanidad, la iglesia universal, nuestra Congregación, las provincias/ regiones, comunidades, cada una de nosotras, miembros de nuestra Congregación, nuestros colaboradores laicos y compañeros en la misión, nuestras familias, y la Madre Tierra.

Te pedimos que llenes nuestros corazones con tu aliento vivificante para guiarnos. No somos dignas, pero estamos agradecidas por tu infinita misericordia.

Que Tu presencia esté siempre con nosotros para que nunca nos separemos de Ti ni de la humanidad necesitada.

Te rogamos, guíanos hacia el Padre y el Hijo, y ayúdanos a servir y glorificar a Dios Uno y Trino. Amén.

 

Introducción desde las Escrituras

Entonces el Señor dijo: «He observado la miseria de mi pueblo que está en Egipto; he oído su clamor a causa de sus capataces. Conozco sus sufrimientos y he descendido para librarlos». (Ex 3,7-8)

La voz de Dios se hace audible para nosotras cuando escuchamos el clamor de los empobrecidos. Ignorar esta voz nos llevaría a endurecer nuestro corazón contra Dios y contra los pobres. A lo largo de la historia, el Dios de Israel siempre ha escuchado los gritos de los hebreos en sus luchas, como se vio durante su estancia en Egipto. Bajo el liderazgo de Moisés, los israelitas clamaron a Dios, y Él les respondió liberándoles de la esclavitud de Egipto.

La voz de Dios resuena en nuestro interior, designándonos como instrumentos de su angustia para la liberación de su pueblo. 

Moisés y Aarón fueron a ver a Faraón y le dijeron: «Así dice el Señor, el Dios de Israel: ‘Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto'». (Ex 5:1)

 

Momento de oración en silencio

En el silencio de nuestros corazones, pidamos la gracia de escuchar los gritos de los pobres y de responder eficazmente a sus necesidades.

 

Reflexión

Podemos responder eficazmente al clamor de los pobres recuperando nuestra sensibilidad social y espiritual. En un mundo silenciado por la indiferencia y la crueldad, este camino se hace aún más significativo.

  • Mientras imploramos la gracia de Dios para responder con la verdad y la acción al clamor de los pobres, recordemos que el mal sufrido por mujeres y hombres a lo largo de la historia no es escuchado ni visto por nuestro Dios amoroso. ¿Qué padre no se conmovería ante el sufrimiento de sus hijos?
  • Dios nos llama a través de los gritos de nuestro mundo y de la creación. El Espíritu Santo ya está actuando en personas y situaciones concretas. 

 

Momento de compartir

¿Cómo experimentas en tu vida el amor compasivo de Dios y su atención a las personas que sufren?

 

 

Oración final:

Dios, Espíritu Santo, sustentador del universo,
Tú eres el Dios de la confianza y la fortaleza.
La Buena Nueva que hemos escuchado ha creado
ondas de tu gracia en nuestras almas.

Creemos que Tú traes nueva vida y nos transformas
en personas que escuchan, observan, cuidan
y se mueven hacia los necesitados, los desposeídos y los solitarios.

Que los ojos siempre vigilantes e insomnes del Padre,
el corazón ardiente de Jesús, y Tu presencia, oh Espíritu Santo,
permanezcan con nosotras.

Te damos gracias, alabanza, gloria y honor, oh Dios Uno y Trino,
por aceptarnos incondicionalmente a nosotras, Tus hijas. Amén.