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NOVENA DE PENTECOSTÉS – CUARTO DÍA

Grito de la Madre Tierra

 

Himno: Despierta es el llamado (letra)

Despierta es el llamado de Aquel que es vigilia
Despiértame, oh Dios, en tu vigilia
/Toda fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

Los que tengan sed, que vengan a mí
/Los que tienen fe en mí, beban en abundancia/ 2x
Brotará agua viva de los corazones creyentes
/Cada fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

Aquellos que están solos, que vengan a mí
/Los que estén sin amigos, que vengan y estén conmigo/ 2x
Me encontrarás a tu lado, guiándote hacia la vida y el amor
/Cada fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

Ustedes que son preciosos a los ojos de Dios
/Ustedes que son muy amados por nuestro Dios Altísimo/ 2x
Él te pondrá como una luz en el reino de Su Hijo
/Cada fibra de mi ser despierta, despierta a la llamada de Dios/ 2x

 

Oración de apertura

El Espíritu de Dios se cierne sobre el universo, formando, creando y dando vida y energía.

Tú eres el Dios de la vigilia eterna, y nosotros estamos en tu presencia.

Estamos aquí con humildad y reverencia, conscientes de tu infinito poder y amor.

Ofrecemos nuestras oraciones por toda la humanidad, la iglesia universal, nuestra Congregación, las provincias/ regiones, comunidades, cada una de nosotras, miembros de nuestra Congregación, nuestros colaboradores laicos y compañeros en la misión, nuestras familias, y la Madre Tierra.

Te pedimos que llenes nuestros corazones con tu aliento vivificante para guiarnos. No somos dignas, pero estamos agradecidas por tu infinita misericordia.

Que Tu presencia esté siempre con nosotros para que nunca nos separemos de Ti ni de la humanidad necesitada.

Te rogamos, guíanos hacia el Padre y el Hijo, y ayúdanos a servir y glorificar a Dios Uno y Trino. Amén.

 

Introducción desde las Escrituras

 

Hoy en día, nuestra casa común -la Madre Tierra- sigue sufriendo las consecuencias de una explotación sin fin y de los daños causados por la acción humana. Los modelos económicos y científicos imperantes, junto con la cultura del usar y tirar, contribuyen a la continua degradación de nuestro medio ambiente.

Nuestra interconexión con el medio ambiente parece haber perdido importancia, obstaculizando nuestro progreso humano. 

Aunque nos consideramos «civilizadas», nuestras actitudes egoístas priorizan la explotación de los recursos naturales como mercancías, descuidando su sostenibilidad para las generaciones futuras. Debemos darnos cuenta de que es hora de dejar de consumir más de lo que necesitamos.

En el Génesis, el relato de la creación pone de relieve la profunda conexión entre la vida humana y nuestra relación con Dios, los demás y el mundo natural. Cuando el ser humano domina, desbarata el plan de Dios (Génesis 1:26), provocando un desequilibrio en la creación.

Jesús nos pide que reconozcamos la relación paternal de Dios con todas sus criaturas (Mateo 11:25) y nos urge a honrar ese vínculo. Subraya la importancia de cada ser a los ojos de Dios. 

«Miren las aves del cielo: ni siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo su Padre celestial las alimenta» (Mt 6,26).

 

Momento de oración en silencio

Con gratitud, abrazamos la profunda conexión con Dios y la creación, sintiéndonos plenamente integradas en la obra maestra de Dios.

Reflexión

Preguntemos: 

  • ¿Alimento en mí el corazón del Dios creador que cuida de nuestra «casa común»? ¿Qué tengo hacer al respecto? (pausa)
  • ¿En qué medida me impactan los gritos constantes de la Madre Tierra? ¿De qué manera concreta me lleva este impacto a la acción? (pausa)

Momento de compartir

Cada persona comparte sus ideas sobre cómo podemos mejorar el cuidado de nuestro planeta, la Madre Tierra.

 

 

Oración final:

Dios, Espíritu Santo, sustentador del universo,
Tú eres el Dios de la confianza y la fortaleza.
La Buena Nueva que hemos escuchado ha creado
ondas de tu gracia en nuestras almas.

Creemos que Tú traes nueva vida y nos transformas
en personas que escuchan, observan, cuidan
y se mueven hacia los necesitados, los desposeídos y los solitarios.

Que los ojos siempre vigilantes e insomnes del Padre,
el corazón ardiente de Jesús, y Tu presencia, oh Espíritu Santo,
permanezcan con nosotras.

Te damos gracias, alabanza, gloria y honor, oh Dios Uno y Trino,
por aceptarnos incondicionalmente a nosotras, Tus hijas. Amén.