79ª Asamblea General de las Naciones Unidas: Un llamamiento a la acción para un futuro mejor

La sesión de la asamblea de la ONU se abrió con un enfoque en la aceleración de los ODS y la adopción de un «Pacto para el Futuro. “VIVAT International participa en el esfuerzo mundial para defender los derechos humanos y la justicia social, abordando las cuestiones de base al mundo internacional.

La 79.ª Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) se inauguró el 10 de septiembre de 2024, marcando la reunión anual de representantes de los 193 Estados miembros de la ONU. El periodo de sesiones de este año reviste especial importancia, ya que coincide con la «Cumbre del Futuro», que se centra en acelerar la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a menudo denominados Agenda 2030. Uno de los principales resultados que se esperan de esta cumbre es la adopción del «Pacto para el Futuro», una resolución destinada a delinear acciones más concretas para que los gobiernos cumplan sus compromisos con los ODS.

La Hna. María Lourdes Santos, SSpS, y el P. Paul Rahmat, SVD Representando a VIVAT International, una Organización No Gubernamental (ONG) dedicada a la defensa mundial, participan activamente en esta importante sesión. A ellos se une Hna. Miriam Altenhofen, SSpS, actual Presidenta de VIVAT, que se encuentra en una visita de una semana en Nueva York para conocer más a fondo las complejidades del trabajo de VIVAT en las Naciones Unidas.

Durante la sesión inaugural, el Presidente saliente de la Asamblea General de las Naciones Unidas comentó: “Hoy nos enfrentamos a desafíos complejos en nuestro mundo, pero a través del multilateralismo podemos, unánime, crear los resultados que necesitamos para construir un futuro seguro y próspero”. Este mensaje coincide en gran medida con la misión de las SSpS, quienes, a través de VIVAT Internacional, están comprometidas a llevar las inquietudes de base al escenario global. El llamado a la acción resuena con la principal convicción de las SSpS, de participar en esfuerzos que marquen una diferencia significativa en el mundo, especialmente para los más vulnerables.

VIVAT International, fundada en el año 2000 por las SSpS y la SVD, es una organización mundial con más de 17.000 miembros de 12 Congregaciones Religiosas Católicas. Con actividades tanto a nivel local como internacional, incluso en foros como las Naciones Unidas. VIVAT International, que tiene estatus consultivo especial en el Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC) y está asociada al Departamento de Comunicaciones Globales de la ONU (DGC), desempeña un papel crucial a la hora de influir en la política mundial para abordar las necesidades de los marginados e insuficientemente representados.

Para los miembros de la SSpS, que trabajan en estrecha colaboración con comunidades de todo el mundo, esta defensa global ofrece una oportunidad única para elevar las voces de quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad. Gracias a su colaboración con VIVAT International, las preocupaciones de las comunidades de base se llevan a conocimiento de los responsables de la toma de decisiones internacionales, lo cual garantiza que las necesidades de los más vulnerables sean escuchadas y atendidas en importantes plataformas mundiales como las Naciones Unidas.

Hna. Miriam Altenhofen, SSpS – Presidenta de VIVAT

 

La Hna. Miriam y el P. Paul en el interior de la Sala de la AGNU durante una de las sesiones.

La Hna. Miriam y el P. Paul en el interior de la Sala de la AGNU durante una de las sesiones.

Sede de las Naciones Unidas en UN Plaza, Manhattan, Nueva York.

Vista del Salón de la Asamblea General de la ONU.

Hna. Miriam con Hna. Marides y P. Paul [Equipo VIVAT International].

Hna. María Lourdes y Hna. Miriam con las pancartas de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026