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Mensaje de Pentecostés de la Dirección General

Queridas Hermanas, queridos hermanos y queridos amigos,

 

Nuestra Congregación fue fundada como una “comunidad religiosa misionera dedicada al Espíritu vivificante” (Prólogo de nuestras Constituciones SSpS).

Porque estamos dedicadas al Espíritu vivificante, Pentecostés es una de nuestras fiestas más preciadas y tiene un significado especial para nosotras. Es un buen momento para renovar nuestro compromiso con la Ruaj, dadora de vida.

La Ruaj dada por Dios hace posible la vida y la restaura. Hoy vemos tantos lugares en nuestro mundo donde la vida está amenazada y donde la gente no puede “respirar” a causa de la opresión, la explotación, los prejuicios, la guerra y las polarizaciones en la política, las sociedades y las iglesias. Parece casi normal distorsionar la realidad y la verdad mediante noticias falsas o verdades/realidades alternativas. Mientras unos no saben qué hacer con sus millones, otros pasan hambre y viven en la miseria extrema. Con todos nuestros avances tecnológicos, aún no hemos resuelto algunos de los problemas más básicos de nuestro mundo. Los objetivos de desarrollo de la ONU siguen siendo un sueño maravilloso que aún no se ha hecho realidad.

Nuestras Orientaciones Congregacionales nos invitan a escuchar los múltiples gritos de la gente, especialmente de los marginados, y a dejar que nuestros corazones, manos y pies se conmuevan por ellos. Estos gritos y el clamor de nuestra Madre Tierra llegan a la Santísima Trinidad. La Santísima Trinidad los acoge y envía a los mensajeros de hoy. Creemos firmemente que el Espíritu Santo es la dinámica vital que sale de la Santísima Trinidad desbordante para mover nuestros corazones hacia el amor y la compasión, la fe y la esperanza, la justicia y la reconciliación. “Para que tengan vida y la tengan en abundancia”. (Juan 10:10)

Como misioneras del Espíritu Santo, estamos llamadas a ser las mensajeras de la Ruaj en nuestros contextos muy concretos de los cinco continentes. Se nos invita a respirar de nuevo, a inhalar y exhalar bondad. Dejemos que la vida llene nuestras mentes, corazones y cuerpos para que podamos mejorar la vida de las personas con las que vivimos y trabajamos. Esta es nuestra misión y la continuación de la Misión de Dios a través de nosotras como Siervas del Espíritu Santo dadora de vida.

Que este Pentecostés sea una ocasión para renovarnos en la Ruaj Divina.

Nosotras, como Dirección General, ofrecemos la Reflexión de Pentecostés 2024 como una contribución y, esperamos, una inspiración hacia este gran objetivo. Que nos ayude a todas a abrazar nuestra vocación y a ser las misioneras que estamos llamadas a ser.

El texto reflexiona sobre la presencia del Espíritu Santo a lo largo de la historia de la salvación y su papel en la capacitación de las personas. Explora diversas figuras bíblicas, en particular mujeres, que ejemplifican la acción vivificante y liberadora del Espíritu.

También refleja la experiencia del Espíritu en la Iglesia primitiva, especialmente en Pentecostés, haciendo hincapié en el poder transformador de la oración comunitaria y en la naturaleza inclusiva del Espíritu. Por último, nos llama a encarnar los valores del Espíritu de compasión, hospitalidad, inclusión e interculturalidad en nuestra misión, haciéndose eco de la apelación del Papa Francisco a una Iglesia que salga al mundo con compasión y solidaridad.

Que inspire nuestra propia oración y compartir en las comunidades o grupos de laicos y ayude a nuestra renovación en el Espíritu Santo. Que nuestras vidas, guiadas por ELLA, sean instrumentos de transformación en nuestras sociedades donde la compasión se expresa también por nuestro compromiso social.

Que la Ruaj Divina sea el corazón y el motor de toda nuestra misión.

¡Unidas al mismo Espíritu Santo!

Hna. Miriam Altenhofen, SSpS y su Consejo

Para leer el artículo completo:

Reflexión de Pentecostés 2024

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