Compassion: Love in Action

In this Year of Compassion, we will bring stories from our sisters or people related to us sharing their experiences of giving and receiving compassion.

Let’s journey with Sr. Yuliana Mamuk on her experience of awe, love, and togetherness with the elderly.

 

Healthcare for the Elderly

In the heart of Europe, stories about the elderly abound. In the Netherlands, one in five people is 65 years old and older (Central Biro for Statistics). Sr. Yuliana Mamuk shares the beauty of aging, cherishing every stage of life, and highlighting the impact of human connection on the lives of the elderly.

Her journey from Indonesia (Flores, East) unfolds against the backdrop of a stark European reality: the prevalence of the elderly community. Motivated by empathy and a desire to make a meaningful impact, she chose to pursue a career in healthcare in 2008.

“My goal was simply to offer them support,” she confides, her words reflecting the compassion and sincerity that underscore her commitment to enhancing the well-being of those she cares for.

Early Challenges

 

One in five people in the Netherlands is 65 years and older.

Delving into a new field wasn’t without its challenges, but Sr. Yuliana’s experiences in various nursing homes have introduced her to new perspectives. Adjusting to this line of ministry takes time and demands physical stamina.

“The coursework I completed in school provided invaluable insights into patient care. Now, I understand that this mission demands immense patience, yet it brings me more confidence,” Sr. Yuliana said.

Working with the Elderly with Dementia

When Sr. Yuliana attended a caregiving course, she was presented with three options: caring for the elderly, the disabled, or children. She chose to work with the elderly who live at home.

She observed numerous elderly people who were lonely due to age or health-related limitations, making them dependent on others.

“Sometimes, you encounter individuals who require help with household tasks due to physical limitations, preventing them from doing so independently. Other times, your focus is on providing comfort and care to those in need of attention. And then, there are moments when encouragement is needed,” explained Sr. Yuliana.

Navigating Challenges

One challenge, Sr. Yuliana said, is managing the behavioral changes often associated with dementia, such as restlessness, anxiety, or mood swings.

Sr. Yuliana stresses the importance of interacting with the elderly’s caregivers. Collaborative activities provide opportunities to build connections.

“Getting to know them on a personal level helps me better comprehend their situation.” Caregivers also need care.

Touching Moments

Sr. Yuliana said she experienced a sense of togetherness and awe when she held the hand of a dying woman.

Despite the challenges, being with the elderly and those suffering from dementia is filled with beautiful and meaningful moments.

Sr. Yuliana shares: “The people I care for are incredibly sweet. They express their emotions openly, whether they’re feeling happy or sad. Even in their struggles, they always show appreciation, often with a warm hug when I leave.”

One experience for Sr. Yuliana was when she attended to a dying woman. “During the quiet hours of the night, as I sat by her bedside, I felt a deep connection,” she recalled. “Holding her hand, I experienced a profound sense of togetherness and awe, realizing how small I am in the grand scheme of things.”

Her perspective on death has also evolved. “I used to see death as something frightening,” she admits. “But now, I see it as a sacred moment—a return to the One who created us. There’s a sense of awe in returning to the embrace of the One who loves us unconditionally.”

Light in the Tapestry of Aging

 

Sr. Yuliana in her mission with the elderly touches the depths of the souls with compassionate love.

Sr. Yuliana’s journey epitomizes the essence of compassion in action. Despite difficulties, her unwavering dedication illuminates the lives of those she serves, offering solace and connection in the face of loneliness and challenges. Through her commitment, she not only tends to the physical needs of the elderly but also touches the depths of their souls, embodying the transformative power of love and empathy.

Within the intricate tapestry of narratives depicting aging and vulnerability, lies a profound truth: our mere presence can bring comfort, compassion, and healing, showcasing the limitless potential of the human spirit to offer solace to others.

Sr. Veronika Lili Purwanti, SSpS – Province of Netherlands

 

 

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026