In Communion with those Living in Slum Areas

Day 6 – Christmas Novena

O Radiant Dawn, splendour of eternal light, sun of justice: come and shine on those who dwell in darkness and in the shadow of death.

When a poor person dies of hunger, it has not happened because God did not take care of him or her. It has happened because neither you nor I wanted to give that person what he or she needed. (St. Mother Teresa of Calcutta 1910–1997)

Sixty five million people live in the slums where the dwellings are unfit for human habitation by reasons of dilapidation, overcrowding, lack of ventilation, light and sanitation facility.  Despite these negativities, the slums are the hub of manifold activities such as small scale business activities, small industries that produce commodities, recycling of waste materials that include plastic bags, cell phones, oil cans, newspapers, paper bags etc.

We remember today all the people who live in the slums, pavements and foot paths. They contribute to the society by their hard labour under varying circumstances, and inhuman surroundings, sometimes risking their lives; they live in a very harmful and hazardous situation. The women and girls become victims of harassment and human rights violation.

 

STORY

This is a story from one of the Slums in Bhopal, Madhya Pradesh, India where the Holy Spirit Sisters extend their social service. During the heavy rain fall in the month of July 2016, the slum was submerged with the sudden surge of floods. The slum dwellers were caught unaware. They were all asleep when it occurred and they had to run out of the small houses leaving behind everything, even the little that they owned. The whole area seemed as if it was an enormous lake.  The people were in deep trouble and they were dismayed and distraught as they could not grasp how this could happen to them as they were already very poor and desolate.  One of them, a poor lady, ran out of her house in horror when the water forcefully entered her room, not realizing that she had not picked up her ten-month old baby. She rushed back to the room, only to find the lifeless child. It was a heart breaking scene and no one could console the lady who lost everything especially her beloved child.

Amidst the insecurity and hopelessness the slum dwellers experience God’s providence day in and day out as they come face to face with various problems including the natural calamities. Our mission here enables us to reach out and thus give them some hope.

 

PRAYER:

Lord God, You came to give honor to the least, those forgotten, overlooked and misjudged.  You came to give first place to the last, those left behind, misunderstood and undervalued.  You came to give a warm welcome to the lost, those who are orphaned, abandoned and destitute.

Lord God, no one is a stranger to you and no one is ever far from your loving care. In your kindness, watch over the people in pavements and slums, those exposed to extreme poverty, neglect, and unjust systems; those separated from their loved ones, young people who are lost, and those who have left home or who have run away from home.  Bring them back safely to the place where they long to be and help us always to show your kindness and compassion to all and thus expressing our communion especially to those in need.  We ask this through Christ our Lord. Amen.

Click here for the complete text of Christmas Novena 2016 (in different languages).

 

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026