Building a New “We” in Laupheim

After a year of change and loss, 75 sisters have forged a new “we,” building a vibrant spiritual community within the walls of a modern retirement home in Laupheim, Germany.

The Leap into a New Reality

At the beginning of May 2024, 75 sisters from the former communities of Wimbern, Oberdischingen, and Laupheim moved as tenants into the newly built “illerSENIO” retirement home. All of the sisters left a piece of their lives behind and embarked on a new journey together, which took shape bit by bit over the past year and had to be actively pursued. “We have arrived in our new reality,” says Sr. Anna-Maria Kofler, community leader in Laupheim, looking back on a challenging year.

Navigating Challenge and Profound Loss

Together with Fr. Rudolf Holzgartner, SVD (who stays for a few weeks each year), Fr. Pirmin OSB, 35 residents, and the staff of illerSENIO, the community forms a new household. The challenges were great, as everything was new and the familiar convent routine had to be rethought. This period was also marked by profound grief. “Since March 2024, we have buried 18 sisters, a deeply traumatic experience. New ways of saying goodbye and coping with grief have helped us to come to terms with this painful loss and bear witness to the Easter hope that shapes us,” says Sr. Anna-Maria Kofler.

The Gradual Emergence of a New Rhythm

Gradually, new routines developed. Sisters from other communities who came to Laupheim to help also contributed to this, assisting with the settling-in process. Today, the many older sisters live a fulfilling spiritual life through personal prayer, daily church services, and exchanges within the community, with residents, staff, visitors, and relatives. “Just like in an apartment building, people meet in the hallway or at the coffee machine and chat with each other. It is a good and completely natural, appreciative coexistence,” says Sr. Anna-Maria Kofler. Church feasts are celebrated together with the house community.

Finding Serenity and a New Identity

Initial concerns and skepticism about everyday life in a retirement home have given way to a certain serenity. The sisters have settled in and are shaping their new life together. This is the result of open communication, good organization, mutual trust, support from the province and the congregation, intense prayer, tolerance for mistakes, a dash of humor, and a strong trust in God.

A Continuing Transformation

Construction workers are still hammering and drilling outside the house, as apartment buildings and assisted living facilities are currently being built. The chapel of the former Trinity Convent is also being redesigned and will ultimately become part of a multi-generational neighborhood. This ongoing change serves as a physical reminder of their journey. “We have learned that with God’s help and His blessing, we can leap over or overcome walls of security, walls of the familiar and comfortable, walls of what we have grown to love, and thus arrive at a new WE that is appropriate for our age as Missionary Sisters Servants of the Holy Spirit!”

Ms. Steffi Mager – Province of Germany

The Laupheim cemetery serves as the final resting place for the deceased sisters.
A prayer room on the first floor serves as the spiritual heart of the new seniors’ home.
The community celebrated Palm Sunday together. This feast highlighted the continuing need to create new rituals and forms for the Church’s most important celebrations.
Construction continues around the newly completed seniors’ home.

As the Sisters enjoy the autumn season, the community remains vibrant—still in motion and continually transforming.

A spirit of good communication and cooperation flourishes among the nurses, caregivers, and residents.
Sr. Theresia Eberhard serves as the coordinator for the MHGG (Missionarische Heilig-Geist-Gemeinschaft), the group of lay associates connected to the community.
Sr. Lioba Brand has created a new herb garden. This replaces the original one, which was removed to make way for the new building.

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026