Building A Network to Feed the Hungry in Bukidnon

As a Provincial Leader of the Trinity Province (Philippines South), one of my responsibilities is to visit our mission stations in the far-flung areas of Mindanao.

One SSpS community serves the indigenous people of Bayawa in Barangay Siloo, Bukidnon province, which is home to 50 Higaonon families, who are connected to their ancestral land.

Partly due to its mountainous and hilly geography, Bayawa is isolated from the center of development by distance and bad or lack of roads. The community in Bayawa suffers from poverty due to meager and unstable income and lack of potable water.

The SSpS Sisters chose this mountainous area to minister to ten Higaonon families who inhabited the area then. The choice was made when they observed that the children had to walk for two hours to the nearest school, which was nine kilometers away.

With the support of the Archdiocese of Cagayan de Oro, the sisters started a school in the heart of the area and offered a basic education program from Kindergarten to Grade 6, with Higaonon teachers/volunteers. Soon the inhabitants grew to 50 families as more children became interested in studying. Their children are educated in the school that the SSpS Sisters started.

One of the services that the SSpS extend, In partnership with the Jesuits, is a feeding program for the children that nourishes the body and serves as a beacon of hope. Three times a week, the parents gather to cook lunch of rice or sweet potatoes, fish or meat, and vegetables.

The children often request their plates or lunch boxes to be filled to the brim so they can share a portion with their siblings. During one of these visits, I talked with the children while they waited excitedly for the food to be served.

But the excitement turned to disappointment when the food that arrived was uncooked. I did the next best thing – coaxed the children to sing while I re-cooked the rice. I was stirring the rice in a boiling cauldron, while listening to their song, which was actually the prayer before meals: “Bless us O Lord and these Thy gifts…”

Every so often, I stopped stirring the boiling rice and put the ladle I used on top of the table. When I turned back to get the ladle, I saw a boy scraping it with his finger to get whatever grains of rice were sticking to it and then licked his finger to eat the grains. Tears welled from my eyes as I realized how hungry the boy was. Perhaps he had come to school without breakfast and was looking forward to a meal. These children often go to school hungry. I asked myself: How did I get the privilege of always having food on the table while others are deprived of it?

Compassion in Action

“…His disciples came to him. “This is a remote place,” they said, “and it’s already very late.  Send the people away so that they can go to the surrounding countryside and villages and buy themselves something to eat.”  But he answered, “You give them something to eat.” Mark 6:35-37

I heard myself asking: “Can we do more?” The feeding program was held only three times during the five school days. I decided to network with people and agencies to provide funding for the remaining two school days. I was able to connect with the Aussie Friends of the Poor, a group of Australian volunteers, who aim to aid the helpless and victims of economic, humanitarian, and natural disasters.

Sr. Ewa Lidia Mazur, who shared her mission experience in the Philippines while still in Poland, was able to gather funds to supplement the money we had raised for the added two days of feeding. Local donors also gave whatever they could. Assistance came from ordinary people who felt the ‘hunger of the children in one remote village from across the seas’ and sent help to feed them.

I have been blessed to witness Compassion in Action, widening the circle of concern and care, forming a network of relationships across distance and space. One needs only to speak for these children and share their story and lead others to them.

Sr. Estela Parmisano SSpS
Provincial Leader-Philippines South Province

 

The new school building was blessed by the Archbishop José Araneta Cabantan in 2023.

Sister Estela with the fathers who were scheduled to cook the meal that day.

Sr. Estela cooking the food with the use of firewood contributed by the parents of the students.

The children eating their midday meal.

The children eating their midday meal.

Children on their way to the hut where food is prepared for the midday meal.

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026