BRINGING RELIGION CLOSER TO DAILY LIFE IN JAPAN

Teaching faith in Catholic schools in Japan unveils spiritual truths hidden in the fabric of everyday life, helping students connect with something deeper.

A Hidden Influence

In Japan, where religious education is prohibited in public schools, teaching religion in private religiously-affiliated schools presents both a challenge and an opportunity. Despite restrictions, religion is often subtly yet deeply ingrained in Japanese culture an didentity.

Practices like praying may go unrecognized as religious acts. My goal is to show students that religion is not as distant or abstract as it might seem. Instead, it quietly shapes their lives in meaningful ways. 

Religion Gap 

Religion in Japan is often overlooked especially in public education. Students have little opportunity to explore religious teachings which can result in limited or skewed perceptions.

To address this gap, I begin by asking students what comes to mind when they think of religion. Many associate it with strict rules, strange customs, or foreign traditions. Few connect it to their everyday experiences. For example, fasting is commonly associated with health or dieting rather than a spiritual discipline. When I ask if they have ever prayed, many say “No!” Yet, as we explore traditional Japanese rituals, they realize how many moments of silent prayer are already present in their daily lives.

Making Religion Relatable

To bridge this gap, I structured  the class around the theme “Life as a Journey.” This allows students to explore how religion intersects with their experiences in practical, personal ways.  in. One activity is when students do research on saints linked to their birthdays. Despite struggling with difficult names, they are moved to learn that someone who was born on the same day as they were, has lived a life along the spiritual path. This connection makes religion feel more personal and relevant. Even students who consider themselves “non-religious” begin to recognize a quiet, personal spirituality within themselves. As they realize that “non-religious” doesn’t mean “without belief,” their perception of religion begins to shift.

Humor 

During our discussions about religion, some students, joke that it is just “brainwashing” or a way to “make you buy strange things.” When I humorously ask: “Am I brainwashing you?” or “Have you bought anything from me?”; they laugh, recognizing the gap between their perceptions and the reality of religion. 

 

A memorable moment occurred when students, who thought the priest’s vestments at Mass were chosen based on the priest’s mood, learned that the colors have deep meanings. One student joked, “So, the altar colors match the priest’s mood? It’s like a fashion show!” This moment of lighthearted humor helped break the ice and allowed students to approach religion in a more accessible way.

Life’s Journey 

As we delve into the idea of life as a journey, students begin to reflect on what truly supports them during hard times. This leads to questions about the role religion plays in giving meaning to life’s struggles. Words like “prayer” and “ritual” still trigger resistance. To help them connect more easily, I introduced the “teru teru bōzu” —a small handmade doll used to wish for good weather. We discussed how wishing can resemble prayer, and how making and hanging the doll is a type of ritual. This helps students recognize that the desire to connect with a force beyond human control  is already part of their lives

Religion in Daily Life

 

Gradually, students begin to recognize the religious elements embedded in their routines. What once seems distant and irrelevant, now feels personal and familiar. Even those who identified themselves as “non-religious” acknowledged a belief in an unseen force—a shift that changes their understanding of religion.

Religion is no longer something separate from their lives. It has become  an integral part of their daily existence, guiding them on a path of faith. This realization deepens their understanding of faith.  They begin  to see that following the life of Jesus Christ means walking with Him through the different moments of our everyday lives

In a society with diverse religious backgrounds, it’s essential to approach religious education in a way that allows students to explore faith for themselves. 

Sr. Cecilia Momoko Katayama, SSpS –  Province of Japan

 

Sr. Cecilia Momoko with Japanese and Australian students.

 

Students praying before and after meals.

A sister conducts a weekly religion class.

 

🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026