A Day of Worldwide Prayer

[vc_row][vc_column][vc_column_text]March 22, 2020:  Day of Worldwide Solidarity and Prayer 

Dear Sisters, 

I am sure many of you are following today the invitation of the International Union of Superiors General (UISG) to Worldwide Solidarity and Prayer especially for all those directly affected by the Coronavirus Pandemic. 

In our faith sharing last night, we the CLT, reflecting on the situation in Italy and the expanding Pandemic in the light of the Gospel of the IV Lenten Sunday, felt a strong desire to send you a message to let you know that we are all connected in prayer and solidarity. 

During these past days, we received many messages, e-mails and calls from all over the world, asking about the situation in Italy and how it affects us in the Generalate and expressing their prayerful support. At the same time, sisters shared their concerns about the rapidly increasing number of infected people in their respective countries, provinces/ regions. 

Thank you, dear sisters, for these signs of belonging, concern and support. 

I am glad to let you know that we are all fine here in Rome. We are doing everything possible to follow the rules and advice of the Government in order to lessen the spread of the virus. At the same time we are praying for protection, healing, and consolation for the people who are most affected. What is difficult for most of us is that we cannot DO much; that we are asked to stay “in casa”, at home, because staying home minimizes the spread of the virus and ultimately saves more lives. 

Religious  Congregations who have communities in the most affected area, in the North of Italy, are really suffering. Some are mourning  the loss of their Sisters who have died because of the virus. We are trying to keep in contact with them, letting them know that they are not alone in this difficult time. Right now some communities in and near Rome have also tested positive. 

With all the information we receive, we have not heard that  any of our sisters have been infected, not even in the Far East, which  was for so long the focus of attention. Today I spoke with Father General Budi and he confirmed that they too are fine. The SSpS-SVD-Tertiate in Nemi continues their program as far as possible, adjusting according to the situation when resource persons are not able to come.  

Dear Sisters, the Gospel of today speaks about blindness and healing. The healed man is not interested in finding out who is responsible for the sickness, he does not even know who healed him. He only knows that he was blind and now he can see; and after a personal encounter with Jesus he confesses “Lord, I believe”. Let us pray that our eyes may be opened to recognize the Lord in the midst of fear, sadness, loss, sickness and death, helplessness and heart-breaking scenes, searching and healing.  Let us also pray, that our ears and our hearts may be opened to hear the cry of our suffering world so that we, guided by the Spirit, can respond with generosity and compassion. 

Dear Sisters, we are asked to stay home and to keep physical distance, but we are invited to stay connected on-line with God in prayer and on-line with one another through modern technology and social media. Take CARE and many blessings for the remaining days of the Lenten journey, one that   will be very different from other years because Church celebrations and processions are cancelled everywhere. May this help us to grow more deeply into the Paschal mystery of the passion, cross, death and resurrection of Christ. 

“Let us live from hour to hour, from day to day and leave the future to God” (Bl. Mother Josepha)

Sr. Maria Theresia Hörnemann SSpS – Congregational Leader 

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🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026