Sr. Lucyna Grzasko at Radio Maria from Ukrain

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Radio Maria (RM) has been present in Ukraine for the last 11 years, I have been working here for 10 years so far. Ukraine has been my home for the last 30 years; before joining the radio, I had been working for 20 years as a Catholic catechist among Ukrainian children. At present I am a journalist a promoter of Radio Maria .
The studio of RM is located in Kiev and broadcasts programmes around the clock – from 7AM to 9PM live, at night we air the programmes recorded earlier. Radio Maria  is of great help in spiritual formation of the nation, at times it is regarded as a university. After the outbreak of the war, on February 24th, RM employees (8 people) left the office in order to find safer places. At the time I was taking part in the meeting of the Ukrainian Province of the Missionary Sisters Servants of the Holy Spirit in Verbovec, approximately 400km from Kiev.

My deep desire was to return to Kiev to join the director of RM, who was staying alone in our office, to join him in order to start broadcasting in this time of crisis. And so I did, successfully. One more person joined the two of us – a Pallotine priest and so here are three of us working together.

At the beginning our situation was dangerous and difficult – we slept on the studio floor for the whole month, we could only use one sink to wash ourselves, we ate whatever we were able to come by.  What we broadcast was Holy Masses four times a day, all four parts of Rosary  – we started the 54-day Novena to the Blessed Virgin of the Rosary of Pompeii, or programmes for both adults and children. There are also phone-in programmes in which people share their experiences and stories of this difficult war situation. We also transmit the Ukraine President’s addresses to the nation. RM is an authority on spiritual and social matters for Ukrainian people, who often do not watch TV programmes, choosing our radio instead.

Here, in Ukraine there are two SSpS communities in Kiev – one in the city centre and another one 20 km from Kiev, between Kiev and Boryspil. For the time being I am living alone, staying in the RM office to avoid staying outside after the curfew and to continue transmitting the programmes.

I start my working day at 7am and work till 9pm. Since there are three of us – the director Fr. Oleksij Samsonov, Fr. Waldemar Pawelec SAC and me – we share the daily workload. Since the war started three of the transmission towers have been hit by rockets, two of them have already been repaired but the one in Kharkiv is completely destroyed. I am personally convinced that my work for RM is a wonderful place to spread gospel. People express their gratitude for me staying in Ukraine during the war.

The Ukrainians know me well because I used to visit parishes every weekend to promote Radio Maria. I recon I understand the Ukrainian people and grew very fond of them over the years, and it would be impossible for me to leave them seeking a safe place for myself only.

At present the atmosphere in Kiev is comparatively peaceful  and life is getting back to normal, yet a few times – both day and night – the sirens invite us to the shelters. Such a life is not an easy one.  We are  aware the war is going on, and there is the prevailing uncertainty – from which side are they going to attack Kiev next.

That is why we ask for your prayers, even in case I am no longer alive while you are reading this letter.  I am ready for anything. This is why I am here now.

Sr. Lucyna Grzasko, SSpS is from Poland and belongs to the Province of Ukraine. This text was sent on April 28, 2022. 

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🌿 La fuerza que devuelve la vida | Un mensaje de Pentecostés

¿Alguna vez has vivido una primavera en Roma? 

Después del largo invierno, cuando los árboles están desnudos, casi sin vida, algo comienza a cambiar. Lentamente, en silencio… la vida vuelve.

Un tierno verde  aparece en las ramas. Las flores comienzan a brotar desde la tierra. Incluso en las grietas más pequeñas de la piedra, e incluso atravesando el asfalto, una planta frágil encuentra su camino hacia la luz.

¡Cada año se siente como un milagro!

Y podríamos preguntarnos:
¿cuál es esta fuerza de vida?
¿cuál es esta energía escondida que permite que la vida vuelva, una y otra vez, contra toda adversidad?

Hildegarda de Bingen la llamó viriditas:
el poder de reverdecer, la energía vital y creadora de Dios.
Es la energía divina que fluye a través de toda la creación,
que conecta todo lo que vive—
en la naturaleza, en el cosmos, y en cada uno de nosotras.
Es el aliento de Dios.

Y sin embargo… cuando miramos nuestro mundo hoy, no siempre es fácil reconocer este poder de vida en acción.

Al mirar las noticias, fácilmente podemos sentir miedo. Hay tanta violencia y tanta guerra en muchas partes del mundo. Líderes que no muestran respeto por las leyes o los acuerdos internacionales, cuyo único programa parece ser: yo y mi país primero. Es como si estuviéramos retrocediendo a algo que creíamos ya haber superado.

A veces parece que la humanidad olvida, que no logra aprender la lección.

Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se reunieron para firmar la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con una profunda esperanza:
“salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, prohibiendo la amenaza o el uso de la fuerza. Promoviendo la paz a través del derecho internacional, la igualdad soberana y la resolución pacífica de los conflictos, con énfasis en los derechos humanos y la seguridad colectiva.

¡Sin duda, este fue un movimiento del Espíritu Santo!

Hoy, sin embargo, en el ámbito político, sentimos que la memoria se debilita. Percibimos cuán frágil se ha vuelto este acuerdo.

También nosotras, las SSpS, tenemos Hermanas en situaciones muy difíciles: situaciones de guerra y de violencia, de gran inseguridad y polarización, donde los prejuicios y el odio pueden crecer fácilmente en lugar del amor.

Ya en otro tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, nuestra primera Superiora General, Madre Theresia Messner, alzó su voz. Ella advertía que el amor por la propia patria nunca debe convertirse en rechazo, en amargura o en odio hacia los demás. Y recordaba a las Hermanas:

“Quienesquiera que seamos—alemanas, holandesas, austríacas, inglesas, rusas, estadounidenses…
todas somos hijas de la gran familia de Dios,
unidas por los lazos del amor santo.”

¡Qué visión profética!

Incluso cuando las naciones estaban divididas por la guerra, nuestras Hermanas estaban llamadas a vivir juntas, a sostenerse mutuamente, a ser un signo de que otro camino es posible.

Esta es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está presente allí donde se superan los egoísmos nacionales.
El Espíritu Santo actúa allí donde los corazones son transformados.

Lo vemos en la vida de San José Freinademetz,
quien permitió que sus prejuicios iniciales fueran transformados —profunda y pacientemente—
hasta poder decir que no solo quería vivir y morir como chino, sino también ser chino en el cielo.

Lo vemos en San Arnoldo Janssen,
cuya devoción al Espíritu Santo estaba ya enraizada en su familia,
y que comprendió que el Espíritu transforma el corazón humano,
haciéndolo más semejante al Corazón de Jesús.

También nuestro Fundador pasó por una transformación: de una racionalidad más bien fría a una presencia más amorosa y alegre. Esto puede reconocerse incluso en sus retratos.

San Arnoldo Janssen veía al Espíritu Santo profundamente unido a la Santísima Trinidad. Es el amor desbordante de la Trinidad que se encarna en Jesús, especialmente en su Corazón. Desde allí, se derrama sobre el mundo y sobre nuestros corazones.

El Espíritu Santo es una energía poderosa y transformadora. Es amor que quiere hacerse vida concreta.

¿Y hoy?

¿Dónde vemos este poder de Dios que reverdece y ama en acción?

Lo vemos…

  • cuando Hermanas y Hermanos dejan su patria, su lengua, su cultura,
    para llevar el amor de Dios a otros pueblos
  • cuando permanecen en lugares de guerra, inseguridad y sufrimiento,
    eligiendo no irse, sino quedarse con la gente
  • cuando, en medio del conflicto, alguien se atreve a dar el primer paso hacia la reconciliación
  • cuando alguien hace crecer a otros (en lugar de centrarse en sí misma) y les ayuda a desarrollar su potencial

¡Estas no son cosas pequeñas!
¡Son signos de Pentecostés!

Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado.
Está sucediendo ahora.

El mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos en Ezequiel 37,
el mismo Espíritu que llenó de valentía a los discípulos,
está actuando hoy—
en silencio, con perseverancia, como el brote verde que rompe la piedra.

Tal vez la pregunta para cada una de nosotras sea:
¿Dónde me está invitando el Espíritu
a dejar crecer vida nueva?
¿Dónde está siendo llamado mi corazón a abrirse?
¿A ir más allá del miedo… más allá de las divisiones… más allá de los rencores, de los prejuicios… más allá de toda estrechez?

Que lleguemos a ser personas de viriditas—
personas en quienes la vida de Dios pueda fluir libremente.

Que permitamos al Espíritu renovar nuestros corazones,
ensanchar nuestro amor,
y hacernos instrumentos de unidad en un mundo dividido.

Y que el Espíritu de Pentecostés
sea hoy para nosotras
aliento…
fuego…
y el silencioso e imparable poder de Dios que reverdece,
renovando la faz de la tierra.

 

Hna. Miriam Althenhofen, SSpS

Pentecostés de 2026